Durante las últimas décadas, la sociedad ha modificado su percepción de la muerte, así como la forma de encajar un hecho natural que a todos nos llegará tarde o temprano.

Hace décadas, las personas morían en su casa, rodeadas de su familia, incluidos los niños, amigos y vecinos. El acto de morir era, por tanto, un hecho asumido desde la más tierna infancia. Desde niño, se presenciaba la muerte de los seres queridos, se conocía su existencia y también la forma en que cada uno se preparaba para morir, para afrontar la despedida, muchas veces con dolor.

Hoy las cosas han cambiado. La mayoría de la población declara que desea fallecer sin dolor, en casa y rodeado de su familia. Sin embargo, la mayoría muere en un hospital y, eso sí, en plena inconsciencia, lo que evita sufrimientos. “La sociedad de hoy pone mucho énfasis en los aspectos vitales y en la juventud. La vejez y la muerte quedan relegados a un segundo plano”, apuntan algunos psicólogos. La actitud social ante la muerte es, por tanto, de rechazo y ocultación. En este sentido, la muerte se ha convertido en un acto sanitario, controlado por los hospitales y por las funerarias.

El cambio de hábitos es también palpable para las empresas de servicios funerarios. Hoy no se quiere el mismo entierro para un familiar que hace diez años. Cualquier pueblo, en cuanto pase de 500 o 1.000 habitantes tiene su propio tanatorio porque “ya no queremos velar los cadáveres en casa”.

Esta necesidad de recibir a la familia y amigos en un lugar ajeno ha hecho que las empresas funerarias oferten todo tipo de servicios, desde música, a catering dentro de las salas, y hasta un sistema de SMS para enviar condolencias personalizadas a los familiares.También el luto es considerado hoy como una “costumbre obsoleta”, arraigado sólo en el medio tradicional y los funerales suelen ser breves y la cremación es cada vez más frecuente. Por otro lado, cada año hay menos afluencia a los cementerios el 1 de noviembre.

El gran número de cremaciones y de custodias familiares son los motivos por los cuales han disminuido considerablemente las visitas a los camposantos.

Tomado de:
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