El balido de las ovejas comiendo hierba en un prado refleja una escena bucólica habitual en gran parte del rural gallego. Sin embargo, lo que ya no es tan frecuente es que las ovejas pasten, literalmente, dentro del recinto de un cementerio y entre las tumbas. Esto es exactamente lo que ocurre en Ardán, justo al otro lado de la carretera que circunvala la iglesia de esta parroquia marinense. Es uno de los casos de camposantos abandonados y que se han reciclado, por así decirlo, para diversos destinos en los últimos decenios en la comarca de O Morrazo.

El cementerio prestó sus servicios durante un largo período de tiempo. Debe datar al menos de hace más de cien años. A finales del XIX todavía se enterraba a los fieles en el atrio del templo. Esa práctica cayó en desuso, por razones sanitarias y legales, pero en el muro de cierre de la iglesia todavía se pueden observar dos sarcófagos de piedra, en la actualidad vacíos, que debieron albergar en el pasado a alguna personalidad importante.

Cuando se dotó a Ardán de camposanto, este recinto funerario se valló en piedra. En su puerta, como si de un escudo pirata se tratase, todavía se conservan dos huevos cruzados que, junto con la calavera que el tiempo se llevó por delante, recordaban a vecinos y visitantes qué había tras sus muros.

En el interior, hay una fila de nichos, con tumbas vacías e inscripciones con nombres y fechas de fallecidos a principios del siglo XX. También hay un cruceiro y a sus pies, semienterrada pero algo legible todavía, la tumba de uno de los párrocos de Ardán.

En el resto del cementerio crece la hierba y el Concello de Marín se ocupa, de vez en cuando, de cortar la maleza para evitar que lo coman las zarzas. La presencia de las ovejas que lleva algún vecino a pastar en el recinto funerario cumple una doble función. Por un lado, alimenta y protege de extravíos por el monte a los animales y, por el otro, las ovejas se ocupan de tener la vegetación a raya, aunque no a todos los vecinos les hace gracia ver a los ovinos brincando entre las lápidas.

Ardán dispone de un moderno cementerio municipal situado fuera de los núcleos de población, por lo que el antiguo no se utiliza para enterramientos desde hace varias generaciones.

El cementerio «reciclado» en pastizal en Ardán no es un caso único en O Morrazo. En la vecina parroquia de San Tomé de Piñeiro, el camposanto viejo está clausurado desde hace unos quince años. Los sepelios se hacen en otro mucho más moderno y mucho más aparatoso. En San Tomé, sin embargo, la mitad de sus nichos por lo menos siguen ocupados. Los grandes cementerios urbanos hace décadas que no se usan. El de Marín es el actual parque Eguren, tras el traslado a mediados del siglo XX de las tumbas hasta A Raña.

Tomado de: www.elfunerario.com