Los kofun, túmulos funerarios que datan desde el siglo III al VI después de Cristo, suponen uno de los secretos mejor guardados de Japón, ya que sus complejas formas -a veces en forma de cerradura- sólo pueden verse desde el aire y su acceso está prohibido al público e investigadores.
Estos montículos de tierra se caracterizan por estar cubiertos por una densa vegetación, suelen estar rodeados por un foso y, en algunas ocasiones, tienen forma de ojo de cerradura, un aspecto muy particular que resulta de combinar un círculo y un rectángulo y se cree era para facilitar el acceso a los mismos.
“Las tumbas en forma de ojo de cerradura tienen una forma característica que sólo se encuentra en Japón y atestiguan la estructura sociopolítica, la estratificación social y el sofisticado sistema funerario de la época”, detalla la Organización Nacional de Turismo de Japón (JNTO, por sus siglas en inglés), en su web.
Consideradas obras maestras de la arquitectura, estas tumbas, en su momento destinadas a emperadores o personas importantes, se pueden visitar en ciudades como Osaka y Sakai (al oeste de Japón), donde varios de sus túmulos fueron inscritos en 2019 en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.





